En su relato, Borja narró que el comandante de la compañía Arco, a la cual estaba asignado, era el teniente César Fajardo, quien al parecer tenía relaciones con grupos de autodefensa que se movían en la jurisdicción de Lagos del Dorado. Contó el uniformado que su comandante no combatió el narcotráfico. “En el tiempo en que estuvo la coca reinó en el pueblo”, dijo y añadió que muchas veces se hicieron retenes en los que se cogía droga y que los delincuentes siempre decían lo mismo: “Yo ya hablé con Fajardo”.
Según Borja, se percató de que unos soldados de ese batallón “habían cogido unas vaquitas”, refiriéndose a cinco civiles que fueron retenidos y llevados a una finca en la que permanecieron varios días. Esa operación estaba a cargo de la compañía Arco 1 bajo el mando de un teniente de apellido Collazos; la casa estaba ubicada dentro de una finca coquera que estaba desocupada. El día del crimen, las personas fueron ubicadas en el comedor de la cocina, las sentaron a la mesa, el teniente Fajardo salió de la casa, se llevó el radio a la boca y por éste se escuchó que dijo “Cobra, cobra”. Era la señal para dispararles. Lea más...